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Por segunda vez se celebró el gran Bachatazo en Madrid, el espectáculo máximo de la música latina que desbordó las expectativas de los organizadores. Miles de fanáticos de la bachata no pudieron entrar al palacio de Vista Alegre, por elementales medidas de seguridad, pero las otras doce mil personas desde adentro disfrutaron de un concierto múltiple e histórico ya que todo salió “bomba”, “fantástico”, “superbien”, “inolvidable”, según escuchaba exclamar a la gente el director de Raíz Dominicana.
El poeta nacional dominicano Pedro Mir logró en su tiempo con su poema “Hay un país en el mundo”, dar a conocer en el extranjero una isla sometida por una férrea dictadura. Luego una guerra civil causada por una invasión militar norteamericana volvió a recordarles a otras naciones, de la existencia de aquella isla compartida con Haití. Más tarde la reelección indefinida del fallecido ex-presidente Joaquín Balaguer, se sumaba a excesos del poder que llamaban la atención en noticias y cumbres internacionales. A partir de aquella época de los años setenta surgieron los merengueros con Johnny Ventura a la cabeza y desde entonces hasta ahora, con los bachateros del Gran Bachatazo, tiene la República Dominicana a estos embajadores llevando permanentemente su isla dominicana por todo el mundo.
La segunda versión del gran Bachatazo 2008 ha conseguido, lejos de toda estrategia política directa, reunir a los inmigrantes amantes de la bachata, un género que se ha hecho internacional. La salsa conserva su lugar único, indiscutible pues exige de los bailadores mucha fortaleza física y mental. El merengue, pese a muchos esfuerzos de quienes lo bailan “como Dios manda”, parece quedarse rezagado y apenas se escucha en las discotecas, pero la bachata, ese ritmo de cuatro tiempos, que se baila con tres pasos y apenas una pausa marcada con la cadera, combina unas letras de canciones que deleitan por una sencillez espantosa, al borde de la mediocridad literaria, y sin embargo se impone como género.
Desde hace años la bachata se baila en las discotecas, y allí en el salón de baile los hispanoamericanos, y los españoles que han crecido comiendo “vacas locas”, se entregan al ritmo bachatero, haciéndonos recordar que no tenemos que estar subordinados como un destino inevitable a una determinada nacionalidad. La bachata como la hamburguesa rápida, el teléfono móvil o los pantalones jeans, nos hacen participar en la convivencia. Al escucharles nos seducen Monchy y Alexandra, los Pimpinelas de la bachata, con ese dúo formidable que enloquece a las parejas, a los solteros, a los “amargados”. El torito de los toros Band conserva esa energía en la voz que llegó a todos los rincones del Palacio de Vista Alegre, y Elvis Martínez, “el camarón de la bachata” se distingue por un estilo que no excluye nada, que conserva el potencial de otro éxito en cada canción.
Sí, la bachata es la música de los inmigrantes en este país. Cuando Jimmy Bauer arribó a la escena con su éxito “todas tus cosas”, las muchachas se sonrojaron por todas sus cosas. El chaval de la Bachata salió corriendo del escenario porque con tantas chicas y admiradoras, sabía que ya no “estoy perdido”. Luis Miguel del Amargue, intentó con su nuevo “look”, inventarse otro Luis Miguel más acorde con el cúmulo de experiencias y madurez adquirida en los escenarios. Pero todas esas chicas inmigrantes que ahorraron su dinerito, pidieron permiso en los trabajos y se fueron a hacer la cola para “vivir la vida un poquito”, como también les dice al oído la poesía de Joaquín Sabina, obligaron a Luis Miguel del Amargue a huir hacia delante y “comerse a besos” a sus seguidoras.
Hay un país en el mundo como quería Pedro Mir que está llegando a todas partes, también gracias al mérito de los organizadores, valiosos empresarios del espectáculo y la promoción publicitaria. Están a su manera favoreciendo la unidad de una Europa que viene bailando salsa, comiendo tacos y aprendiendo a hablar Español, pues la bachata con ahínco, repite sus estribillos, impone su magia, la de siempre, la de antes, la que cantaba Luisito el “añoñaíto”, Leonardo Paniagua cuando gritaba: “Se llamaba Martha”, aquella chica de la canción de amargue que hoy en sus cuarenta y pico de años, sigue haciendo sufrir a los hombres con ese bendito problema: “No quiero olvidarla”.
Los bachateros siguen pa´lante, Pamplona, Cataluña, Suecia, Marte, Júpiter, pues la bachata hoy, como antes y siempre el deporte, lleva lo particular de una expresión musical y la hace universal. Se transforma en ese algo que es de todos. Que saca la alegría de vivir. Que alfabetiza con sus letras populares. A las mujeres las pone a bailar, y a los chicos españoles les hace reconocer con lenguaje dominicano que ellos también prefieren “una chica mala”.
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